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viernes, 5 de febrero de 2016

Pablo Iglesias y su ceño altivo


  • Al adelantar a los veteranos por la banda, la joven promesa no pudo contener una mirada altiva y condescendiente, que sus contrincantes y los seguidores de los mismos no pueden perdonarle.
  • Los expertos suelen minimizar las continuas humillaciones institucionales o personales de las que es objeto Podemos.
Tengo un compañero que es un barómetro muy representativo del análisis popular. Cuando hablé con él sobre la situación política tras las elecciones, su resumen fue:“No me negarás que Pablo Iglesias es un soberbio, ¿eh?”. Dijo soberbio pronunciando mucho la erre, de manera que el desprecio se acumulara en ese sonido. Las pruebas en las que basaba su argumentación eran la propuesta de gobierno con reparto de cargos sin avisar al PSOE y su negativa a considerar un pacto con Ciudadanos.

El golpe de efecto de la propuesta inicial de gobierno fue considerado por los analistas una estrategia impecable, una jugada magistral, un planteamiento tan de sentido común como inesperado que dejó noqueados al resto de participantes. Sin embargo, según esos mismos analistas, el golpe quedó desacreditado por el tonillo y la sonrisa autocomplaciente, intolerable en un recién llegado que está tratando con todo un aparato establecido. Al adelantar a los veteranos por la banda, la joven promesa no pudo contener una mirada altiva y condescendiente, que sus contrincantes y los seguidores de los mismos no pueden perdonarle.

Los gestos de Podemos son tan ingeniosos porque a menudo consisten simplemente en seguir las normas o utilizar las instituciones para su fin inicial. Llevábamos tanto tiempo asumiendo la perversión del sistema que cuando alguien lo utiliza para lo que era, los demás se quedan mirando boquiabiertos preguntándose cómo no se les había ocurrido antes. Sucedió cuando Pablo Iglesias le propuso al rey la formación de un gobierno en la ronda de consultas para formar gobierno, sucedió cuando la diversidad que existe en la sociedad quedó mágicamente reflejada en la cámara democrática que la representa, o cuando tras las elecciones Podemos se apresuró a presentar una ley de emergencia social entendiendo que el parlamento debe servir en primer lugar para promulgar leyes que protejan a los más vulnerables, o incluso cuando un senador rechazó la invitación de club de fútbol por considerarla un privilegio inaceptable para un servidor del pueblo.

Podemos es el niño que gritó aquello de “¡El rey está desnudo!”, y dejó al descubierto (además de la insoportable corrupción) el mundo paralelo en el que se movían los representantes del pueblo: los coches oficiales, los palcos en teatros y estadios, los entramados giratorios entre poderosos y lo que nos quede por ver, porque a juzgar por el pánico que se masca entre la clase dominante, de las vergüenzas del rey aún no hemos visto más que una pequeña punta emergente.

Pero volviendo a la manoseada arrogancia de Pablo Iglesias. Reputados analistas destacan una y otra vez este supuesto defecto (Miguel Ángel Aguilar se atreve a equipararlo con José María Aznar) que por una parte eclipsa cualquier virtud y que a su vez reduce el análisis de la estrategia del partido a la crítica de la personalidad del líder. Se considera imperdonable la propuesta de Pablo Iglesias al rey sin haberla comunicado previamente, o su negativa a pactar con el partido muleta del PP (partido que por otra parte ya se había negado a pactar con Podemos). Y se comprende que el PSOE se ponga digno y se cruce de brazos ante tamaña altanería. Sin embargo los expertos suelen minimizar las continuas humillaciones institucionales o personales de las que es objeto Podemos desde que llegó al Congreso de los Diputados: la presidencia de la cámara pactada entre PSOE, PP y Ciudadanos, la negación de cuatro grupos parlamentarios, el cambalache de senadores con Esquerra, la ubicación de los diputados, las burlas o críticas a su aspecto, o en la ronda de negociaciones de Pedro Sánchez, el hecho de dejar en último lugar la cita con Pablo Iglesias.

De los argumentarios oficiales se podría deducir que los desdenes de los señoritos se presuponen y se aceptan sin aspavientos, pero cuidadito con los subalternos: ponerse altivo e impertinente puede hacerles merecer cualquier desprecio.  No se dan cuenta de que al fraccionar la clase política en dos niveles, corren el riesgo de que el pueblo se identifique con la que más se le parezca.

viernes, 15 de enero de 2016

PERO ENTONCES ¿ERAN CASTA?


La estrategia para conseguir protagonismo consiste en alcanzar hazañas hasta ahora imposibles, como inundar de diversidad y normalidad unas cámaras que, ahora nos damos cuenta, nunca nos habían representado.

Resulta que ni en el congreso de los diputados ni en el senado había habido antes una persona con dificultades de movilidad, que ha entrado por primera vez una senadora sorda, que este parlamento que aún está lejos de tener un 50% de mujeres, es con diferencia el de mayor representatividad femenina. Resulta que hasta ahora no había habido más que un único color de piel en esa cámara, y que incluso es noticia que ocupe un escaño alguien que ha tenido profesiones diferentes a la de político: un enólogo, un cámara de televisión, un empleado de banca, un camarero o un parado. Resulta que hasta ahora todos los hombres que se sentaban en un escaño tenían el pelo corto y lucían un aspecto igual de encorsetado que hace un siglo. Resulta que ninguna diputada se había atrevido a vestir un atuendo vulgar comprado en una tienda para gente de la calle. 

Lo curioso es que los telediarios, que destacan estas conquistas democráticas como anécdotas de la crónica social, acusan a su vez a Podemos de urdir una estrategia de protagonismo. Convierten en noticia la normalización del congreso a la vez que califican de acto circense presentarse en las cámaras con la diversidad a la vista: hablando el lenguaje de signos, en silla de ruedas, con la piel negra, sin traje de postín o con un lactante en brazos. La estrategia para conseguir notoriedad consiste en alcanzar hazañas hasta ahora imposibles, como inundar de variedad y normalidad unas cámaras que nunca nos habían representado.

Y es que los propios medios de comunicación del régimen no son conscientes de lo que están mostrando. Les parece tan exótico ver a un “rastas” en el congreso, que se rinden a la noticia, y nos cuentan sin quererlo, que hasta ahora todos los que habían llegado ahí eran homogéneamente distintos a nosotros.

Por eso es tan emocionante lo que está sucediendo en España. Porque evidencia que lo que teníamos por cámaras de representación no eran más que una élite, donde además, una vez  llegados, los agraciados se cubrían de nuevos privilegios que les alejaban aún más de la gente común. Seguramente los más de ochenta diputados del bipartidismo que se han quedado fuera nunca habían imaginado que su escaño podía ser ocupado por alguien sin título nobiliario ni apellido ilustre, alguien que no haya estudiado en El Pilar o que al menos lleve años medrando entre varones de medio pelo.

Podemos está cambiando el aspecto y el modo de hacer política. Sus diputadas y diputados, sus senadores y senadoras, han utilizado fórmulas comprometidas, únicas, personales e imaginativas para tomar sus cargos, mientras los señores uniformados les abucheaban por no someterse a las costumbres de siempre. Podemos se ha negado a intercambiar sillas en juegos de poder. Por primera vez en democracia ha presentado una proposición de ley a un gobierno en funciones, una ley de emergencia social cuyo objetivo es paliar la inaceptable situación de los más vulnerables. Sus formas y sus intenciones son tan novedosas que nadie sabe siquiera si son posibles. Pero lo que se hace evidente es que eran necesarias.




martes, 1 de diciembre de 2015

LOS ULTRAPACÍFICOS


¿Eres Ultrapacífico o Belicistas Moderado? Es el momento de tomar partido. 

De un lado están los ultrapacíficos, buenistas, radicales defensores del derecho a la vida, que se declaran en contra de las armas, las bombas y la violencia. 

De otro lado los realistas, los moderados, los centristas tranquilos, que apuestan por la guerra, la venganza con mesura y los bombardeos controlados como solución al terrorismo. Hollande habla de respuesta contundente, firme, eficaz, implacable, Valls aseguró que golpearían al enemigo para destruirlo, y que la respuesta sería del mismo nivel que el ataque. Margallo se escuda en la legítima defensa para decir que la respuesta es la guerra. 

El ataque terrorista del 13N en París pretendía quebrar la vida en comunicad e instaurar alarma social, caos, miedo e inseguridad. 

Los buenistas drásticos creen que la respuesta debe corresponder a una sociedad democrática que conoce el riesgo de renunciar a sus libertades, que frente al terror es necesaria la templanza, la confianza en el pueblo, evitar la alarma, superar el miedo, y preservar más que nunca las garantías básicas del estado de derecho, la justicia, las libertades y la reconstrucción de la comunidad. 

En cambio los realistas sensatos apuestan por reclamar la unidad de todos los demócratas para modificar el código penal ampliando de manera ambigua el concepto de terrorismo, endureciendo las penas, y tipificando delitos interpretables relacionados con las redes sociales. En Francia y Bélgica, esta lógica realista moderada ha supuesto renunciar temporalmente a ciertas conquistas sociales, como a los derechos de reunión y manifestación o a la presunción de inocencia y ha permitido que las fuerzas del orden entren en los domicilios de cualquier ciudadano que pueda resultar sospechoso, al estilo de las más audaces dictaduras.

Los radicales ingenuos evitan la palabra guerra y se limitan a hablar de terrorismo. En un estado atacado por el terrorismo sólo hay un bando que se salta las reglas fundamentales de convivencia. 

Los moderados prefieren hablar de guerra, como Albert Rivera (“a los que no nos gusta la guerra nos gusta menos el terrorismo”), o incluso Iñaqui Gabilondo (“¿Podemos decir no a una guerra que otros han declarado, y que ya han iniciado?). En una guerra quedan suspendidos los derechos y la justicia; se puede matar, hostigar, destruir o torturar desde ambos bandos. Y creen que la solución pasa por bombardear (con mesura y amparados por las alianzas internacionales) posiciones y bases militares de los terroristas, porque están convencidos de que esas bases militares son blancos estratégicos y en algunos casos están aisladas de poblaciones, y esperan que sus bombas maten principalmente soldados radicalizados y destruyan material de guerra. Creen que pasado el bombardeo desaparecerá el terrorismo, se acabará el odio y todos dejarán de matar. Quizás de modo inconsciente, confían en que sus artefactos sean capaces de detectar la maldad y erradicarla del planeta. Distinguen entre esta situación y la de 2004, porque entonces el trío de las Azores mintió inventando unas armas de destrucción masiva y escudándose en el derrocamiento de un dictador, con la intención de dominar un área geográfica, y ahora no, ahora la intención es salvar a los inocentes sirios, además de hacer desaparecer el abominable Estado Islámico. Sabemos que en 2004 había intereses económicos territoriales y de enriquecimiento por parte de multinacionales energéticas y armamentísticas. Los realistas creen que en 2015 este punto es secundario. 

Los ultraidealistas hablan de neutralizar las vías de financiación y abastecimiento, embargar armas, erradicar los bombardeos, abrir corredores humanitarios, proteger a los refugiados. Sospechan que el motivo por el que en 2015 las grandes potencias occidentales no se molestan en buscar escusas o mentiras para alentar a la guerra, no es que esta vez se trate de salvar a la población inocente, lo sospechan porque si a los europeos les importaran los civiles sirios no les dejarían agonizar y morir a las puertas de Europa. Lo sospechan porque los intereses económicos han sido hasta ahora los que han determinado todas las políticas expansionistas y no encuentran motivos para pensar que esta motivación haya desaparecido. 

En resumen los utópicos radicales creen que atacar la violencia con violencia, combatir el dolor con más dolor, traerá una espiral de terror irrespirable. 

Los centristas están convencidos de que la guerra y las armas son la única alternativa, la menos mala, para acabar con la violencia y el terror.

En estos tiempos hay que posicionarse, toca tomar partido.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Un ojo en el muro




Aunque probablemente su estrategia no esté tan elaborada, el poder intuye que su baza consiste en esparcir ese espíritu perdedor que nos deja cautivos y desarmados antes de la batalla. 



Hasta Pablo Motos reconoce que teníamos razón, que fuimos la palanca que hizo posible que se abriera un ojo en el muro del sistema a través del cual ya todos podemos ver el otro lado. Ya no cuela el discurso de que no hay dinero, de que el único camino posible pasa por renunciar a la sanidad universal y a la enseñanza gratuita. Ahora sabemos que nos engañaron, que los bancos siguen ganando millones de euros con el dinero público que nos han robado para pagar sus deudas. Ahora sabemos que hay otro camino que no quisimos recorrer.

Y sin embargo nos dicen que según las encuestas el PP va a volver a formar gobierno, esta vez con el apoyo de su avatar rejuvenecido, limpio y formal. Me pregunto cómo es posible que queramos continuar así. Que aceptemos que nuestros hijos sólo podrán ir a la universidad si tenemos la suerte de no ser despedidos antes de que cumplan los veinticinco, que aceptemos que más nos vale no caer enfermos de repente porque es muy probable que nos toque esperar más de doce horas en urgencias, que aceptemos que nuestra jubilación será precaria y tardía y que cada vez más trabajadores tendremos que conformarnos con salarios de miseria y contratos temporales.

Hay muchas explicaciones posibles, pero yo creo que la más verosímil para un escenario tan catastrófico es el triunfo de la resignación. España vivió una traumática dictadura en la que los que no se resignaron lo perdieron todo, y los que acataron el orden establecido pasaron cuarenta años regodeándose en su sumisión. Con este pasado resistir, diferenciarse, romper la estructura prevista es un acto heroico sólo asumible cuando la victoria está garantizada.

Aunque probablemente su estrategia no esté tan elaborada, el poder intuye que su baza consiste en esparcir ese espíritu perdedor que nos deja cautivos y desarmados antes de la batalla.

No quiero imaginar lo triste que sería que lo consiguieran. Pensemos en el día después, ¿queremos ser cómplices de la continuidad de la LOMCE, la ley mordaza, la reforma laboral y el copago sanitario? Si consiguen convertir las navidades 2015 en la fiesta de la resignación, seguramente los perdedores no reprocharán el voto a los culpables, simplemente brindarán por cortesía y se irán pronto a la cama mansos y abatidos, incapaces de encontrar de nuevo el hueco por el que vislumbrar una brizna de esperanza.

viernes, 16 de enero de 2015

El máximo bien común

"El triunfo de un determinado enfoque
depende de la importancia que la sociedad,
y muy en particular sus núcleos hegemónicos de poder
otorguen a su representación de la realidad."
José Manuel Naredo. Raíces económicas del deterioro ecológico y social.

La buena noticia es que, como decíamos cuando hablábamos del “máximo beneficio”, sabiendo el diagnóstico sobre las gravísimas consecuencias de perseguir ciegamente máximo beneficio en el capitalismo, tenemos más probabilidades de acabar con la enfermedad: ¿Y si cambiamos el paradigma? ¿Y si conseguimos que las empresas sean valoradas por su aportación al bien común, al bienestar social, en lugar de por su cuenta de resultados? Si actualmente la sociedad está contagiada por esa búsqueda del máximo beneficio, debido a la admiración y respeto que despiertan las unidades que mueven la economía, ¿sería posible contagiar la búsqueda del bienestar social, del bien común?
En realidad, el resto de actividades y relaciones humanas no económicas, las relaciones de amistad, de familia, las relaciones entre compañeros, se basan en valores éticos, de justicia, de solidaridad, de respeto. De manera natural el individuo colectivo intuye que en las relaciones con los demás funciona mejor la cooperación, la generosidad, la solidaridad y la justicia que el egoísmo, la deslealtad o el abuso. Únicamente en las relaciones comerciales se aceptan los comportamientos contrarios a la ética, como si hubiera una carta blanca de comprensión que permitiera a los individuos económicos un comportamiento inaceptable para los humanos. Si pudiésemos cimentar las relaciones comerciales en las mismas bases en las que sabemos que deben asentarse las relaciones humanas ¿podríamos cambiar también el resto de comportamientos que se han desviado hacia la avaricia y la desmesura?
En este punto, es en el que los escépticos auguran el fracaso. La tesis de Hobbes (el hombre es un lobo para el hombre), tan arraigada en la sociedad actual nos hace pensar en la imposibilidad crear un universo económico que parta de relaciones bienintencionadas. Pero diferenciemos, no vamos a entrar aquí en la eterna discusión filosófica entre si el hombre es bueno por naturaleza o si, como en El señor de las moscas, los instintos nocivos son los predominantes en la sociedad. No es esa la discusión.
Lo que sí parece evidente es que esta economía premia los comportamientos no éticos. En el libro ¿Es usted un psicópata?, publicado a principios de 2012, su autor, Jon Ronson, descubre que algunas de las cualidades que definen la psicopatía, como no tener remordimientos, mentir de manera patológica, no sentir empatía o ser manipulador son también rasgos comunes en los líderes políticos y económicos. Y explica este fenómeno porque el sistema capitalista premia y aúpa a los individuos con estas inclinaciones a puestos relevantes. La clave está en cambiar esta tendencia. Si el sistema actual premia los comportamientos contrarios a la bondad, los no ecológicos, los no compasivos, lo hace porque el modelo de éxito es una cifra positiva en el balance financiero, que es más alta cuando los combatientes se comportan como autómatas deshabitados.
Esta economía premia los comportamientos no éticos
Bertolt Bretch decía que “el hombre nuevo no es más que el hombre viejo en situaciones nuevas”. Carlos Marx hablaba de “subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable”. En contextos distintos nos comportamos de manera distinta. El ecologista y poeta Jorge Riechman lo suele explicar con una anécdota personal, cuenta en su blog que en el bar donde desayuna cada mañana, dependiendo de si le atiende el camarero que le devuelve las monedas en mano o el que se las pone en un platillo, él deja o no propina. El contexto nos cambia. En un pueblo donde todos dejan la puerta abierta nos volvemos confiados, y en el que cada casa se cierra con siete llaves, pondremos siete cerraduras.
La propuesta del bien común consiste en rediseñar el escenario para producir un cambio en las personas; a la vez que provocamos una transformación en las personas que desemboque en la renovación del ambiente; y que a su vez se extenderá en círculos concéntricos hacia un redecorado global. Para que esto sea posible la propuesta es empezar a actuar desde el entorno, por ejemplo desde los municipios.
El filósofo Jordi Pigem lo explica con la metáfora de los hemisferios cerebrales, dice que nuestra sociedad se comporta como si hubiera perdido el hemisferio derecho, que es el que nos permite disfrutar de la música, la empatía y el humor. A su vez los individuos más adaptados y exitosos se mimetizan con esta sociedad simplificada hipertrofiando su parte más robótica. La adaptación sería muy diferente si cambiásemos la sociedad.

El máximo beneficio

La ciencia económica no es una técnica de relaciones entre objetos
a base de variables cuantitativas, sino un estudio de decisiones humanas
 inspiradas en valores sociales y moldeadas por redes institucionales.

José Luis Sampedro


En el sistema económico capitalista el objetivo de las unidades económicas indiscutible es la obtención del máximo beneficio. El éxito de una empresa, una cooperativa o una multinacional se mide de manera inmediata a través del balance financiero, que cada año refleja en una sola cifra el beneficio o pérdida registrado.
En el libro La Economía del Bien Común, Christian Felber diagnosticaba que este era una de las grandes equivocaciones que nos ha llevado a confundir los fines con los medios. Las empresas fueron pensadas en su origen, según la teoría económica, para satisfacer necesidades. Aún se sigue definiendo economía como la ciencia que estudia la forma o medios de satisfacer necesidades humanas mediante la utilización de recursos escasos. Sin embargo el fin original ha ido perdiendo importancia en la evolución del capitalismo, hasta llegar a un punto en el que el medio para conseguir esa satisfacción (el resultado reflejado en el balance financiero) se ha convertido en el fin de toda actividad económica. El éxito de una empresa se mide con la cifra que refleja su cuenta de resultados.
Este principio incuestionable se ha llegado a extender más allá de las unidades económicas. Las empresas son consideradas el motor de la economía, son admiradas por la sociedad y mimadas por las instituciones. Se han convertido en el modelo a seguir, en el espejo en el que se miran el resto de actividades, instituciones, e incluso ciudadanos. Actualmente se admira y se pone como ejemplo a aquellos que consiguen mayores beneficios económicos, sin importar si para ello han explotado niñas en el tercer mundo o han talado bosques indonesios. Como mostraba Jonh Ronson en su libro ¿Es usted un psicópata?, hemos alzado a los psicópatas, a los tiranos, a los infames, a lo más alto, y ahora los tenemos moviendo los hilos de nuestro guiñol; pero además el público, contagiado y desnaturalizado, aplaude sus crímenes.
Hemos asumido que el fin de todo elemento económico es el máximo beneficio, por encima de todo, por encima de la dignidad de las personas, de la justicia, de la sostenibilidad ecológica. Además, como las empresas se han convertido en el ejemplo a imitar, sus principios los aplicamos a las personas. El fin de cualquier individuo es conseguir el máximo beneficio, comprar lo más barato posible aunque tenga que hacer kilómetros para conseguirlo, “yo no soy tonto” dice el eslogan de una tienda, el tonto es el que no consigue el máximo beneficio. Todos hemos presumido alguna vez de comprar una ganga.
El fin de algunas familias ha sido conseguir que su patrimonio, su propia casa, se revalorice. Y el de muchos trabajadores en época de bonanza fue incrementar el salario cambiando de empleo, o de residencia si fuera necesario, sin apenas valorar otras connotaciones. Hasta los niños asumen esta filosofía del máximo beneficio con facilidad, y les aplaudimos si negocian un incremento de su paga con alguna triquiñuela.
Los servicios públicos estatales o municipales, imbuidos en esta lógica se han acabado mercantilizando, recordemos que el primer ministro japonés, Taro Aso, responsable del área económica, llegó a pedir a los ancianos del país en enero de 2013 que "se den prisa en morir" para que el Estado no tenga que pagar su atención médica; Christine Lagarde, la presidenta del Fondo Monetario internacional pidió a España bajar las pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”.
Los equipos de fútbol han evolucionada hacia la economía de mercado con el merchandising y la compra-venta de jugadores, de manera que las decisiones las marca más la cuenta de resultados que los aspectos deportivos.
Los criterios a la hora de atender la sanidad o la educación públicas, se justifican más por una supuesta rentabilidad que por la vocación de servir al pueblo.
Una vez consensuado el diagnóstico, el camino para reinventar la economía será un poco más fácil
Los municipios justifican sus políticas por la rentabilidad, externalizan o privatizan servicios o recalifican terrenos para incrementar las arcas municipales, no para facilitar la vida de sus ciudadanos.
Es decir, toda la sociedad está contaminada con la lógica empresarial. Cuando esta lógica llega a atentar contra la vida o la enfermedad, como en el caso del ministro japonés, puede escandalizarnos. Pero sólo porque traspasa una frontera que aún no hemos relajado, no porque el razonamiento subyacente nos parezca fallido.
Un caso que merece mención especial es el de las naciones. El objetivo de cualquier estado moderno, con el que se diseñan las estrategias políticas, es el incremento del PIB. A semejanza de las empresas, los países miden su éxito a través de un solo parámetro. Un parámetro cuyo contenido es la producción de bienes y servicios. Sólo aquellos gobiernos que consiguen incrementar cada año ese índice se consideran exitosos. Bajo este prisma, China o India son el modelo a seguir, con incrementos anuales cercanos al 7%.
El creador del PIB, el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets, en su primer informe de 1934 sobre el tema, alertaba contra la tentación de utilizar el PIB como si fuese una medida válida de progreso, ignorando que es una simplificación excesiva de cosas complejas. Treinta años después decía "las metas de más crecimiento deberían especificar más crecimiento de qué y para qué"- [1].

Una vez identificado el principal origen del despropósito del sistema, una vez consensuado el diagnóstico, el camino para reinventar la economía será un poco más fácil.

miércoles, 14 de enero de 2015

La Economía del Bien Común y el cambio necesario





Una propuesta como la capitalista, según la cual la base de la conducta humana es solo el afán de lucro, está radicalmente equivocada. Lo que se muestra cada vez más, desde la biología evolutiva y desde las neurociencias, es que los seres humanos estamos biológicamente preparados para cuidar y para cooperar. 
 Adela Cortina, autora de ¿Para qué sirve realmente la ética? 

En 2011, tras la explosión colectiva que supuso el movimiento de los Indignados, el 15 de mayo, los ciudadanos españoles comenzaron a organizarse buscando formas de canalizar si ira, brotó la necesidad de conocer y comprender la situación y de buscar la senda para cambiarla. En este escenario, aparece un vídeo en youtube protagonizado por Christian Felber, que propone un camino, una forma concreta de empezar a dar pasos en esta dirección. La propuesta es una de tantas, muchas de las cuales tienen éxito y seguidores, y montones de personas anónimas comienzan a trabajar para la transformación social. 

El mercado social de Madrid, la cooperativa integral catalana, la banca ética, los grupos autogestionados de consumo y el auge de la alimentación agroecológica, la teoría del decrecimiento, los pueblos en transición, la plataforma Stop Desahucios, la soberanía alimentaria, la moda sostenible, la defensa de la sanidad, la marea verde, la primera marea en lucha por una educación pública de calidad, la plataforma juventud sin futuro, los parados en movimiento, los escraches, el foro social mundial, economía Sol y sus charlas en El Retiro, la oficina de desobediencia económica, la plataforma por la auditoría de la deuda, que cuando empezaron no eran más que unos pocos antisistema y ahora hasta los más conservadores hablan de ello como si lo hubieran inventado; la iniciativa no nos vamos, nos echan, el frente cívico o las diferentes formas de cooperativismo son sólo unos pocos ejemplos de los cientos surgidos, resurgidos o reforzados desde entonces. 

Aquí nos centraremos en un ejemplo, un grupo de personas que se dejan contagiar por el entusiasmo realista de Christian Felber y comienzan a crear en España un movimiento para el fomento de la Economía del Bien Común. El 21 de noviembre de 2013, dos años después de la aparición del vídeo en internet y sólo año y medio tras la publicación del libro “La Economía del Bien Común”, se crea formalmente en Vitoria la Asociación Federal para el Fomento de la Economía del Bien Común en España. 

Pero ¿Qué es la Economía del Bien Común (EBC)?, ¿qué tiene una teoría económica para movilizar a tanta gente?, ¿cómo un vídeo de catorce minutos puede entusiasmar y crear un voluntariado estable en 15 países , además de conseguir el apoyo de empresas, municipios, instituciones, universidades y colectivos? En mayo de 2012, se publicó el libro de Christian Felber en español. La idea fundamental es común a otras teorías económicas y políticas: “La economía necesita alinearse con los valores humanos”, titula un periódico su entrevista al autor. “Queremos una economía basada en las personas”, dicen muchos políticos que intuyen la deriva deshumanizada del sistema actual. Y ahora viene la verdadera pregunta: ¿cómo lo hacemos? 

Felber se molesta en analizar cuáles son esos valores humanos que hacen florecer nuestras relaciones. En cada una de sus charlas pregunta a los asistentes qué valores son fundamentales y positivos en su vida, y en cada rincón del mundo las respuestas son similares. La sociología, la ética, la filosofía estudian estos valores comunes a todos los humanos. La clave está en desfragmentar estas ciencias, incluso, como dice Christian Felber, en “dejar que los no economistas se ocupen de la economía”. 

Hay varias claves que hacen original la Economía del Bien Común. He aquí algunas de ellas. 

1. En primer lugar el cambio económico propuesto no parte de las instituciones. No se trata de derrocar un gobierno y modificar la legislación para cambiar las cosas. El plan consiste en reformar primero a las personas, empresas, municipios…, y a partir de ahí conseguir un cambio legislativo. Pirámide hoja de ruta de la transformación hacia el Bien Común 

2. En ese mismo sentido, la EBC pone el acento en la microeconomía, en concreto la transformación propuesta es fundamentalmente la de las empresas. La clave es conseguir que las unidades económicas varíen su finalidad. Como decíamos el cambio viene de abajo a arriba, pero la unidad fundamental, la que realmente tiene la llave, es la empresa. 

3. Propone un instrumento nuevo de medición de la verdadera finalidad de las empresas y los estados, que sustituya al balance financiero en lo micro y al Producto Interior Bruto en la macroeconomía. En esta sociedad monetizada nos cuesta valorar aquello que no sabemos medir, nuestra mente necesita simplificar. Para ello Christian Felber aporta el Balance del Bien Común, una matriz capaz de organizar, valorar y comparar la contribución de cada unidad económica al bienestar social. Quizás este instrumento sólo sea necesario de manera transitoria, es posible que más adelante, en un nuevo contexto no sea necesario convertir en número todo lo importante. 

A la vez la EBC se alinea otras corrientes: 

4. Al igual que otras teorías microeconómicas del momento, como la economía social y colaborativa o los movimientos we-share, o creative common, desactiva la verdad inamovible del darwinismo económico y cuestiona el principio de Adam Smith sobre el máximo beneficio y la competencia, apostando por la cooperación y el bien común. 

5. Aboga por preguntar a los ciudadanos si creen que se debe limitar el salario máximo. Se propone que se pregunte el número de veces que creen que el salario máximo debe superar al mínimo. 

6. Se plantea limitar también el patrimonio privado y la herencia en una cantidad decidida democráticamente por el pueblo soberano. Las limitaciones deben ser el resultado de un debate verdaderamente democrático, y en un principio se propone que afecten a un porcentaje muy pequeño de la población, es decir, por ejemplo si se limita el patrimonio a diez millones de euros, esta limitación afecta a un porcentaje pequeñísimo de los ciudadanos, y los afectados podrán seguir disfrutando de muchos más dinero del que serán capaces de dilapidar en toda una vida de lujos.

7. Limitación del uso del superávit en las empresas. Eliminación del reparto de beneficios entre propietarios que no trabajen en la empresa (como dividendos), no se permitirán tampoco inversiones financieras ni donaciones a partidos políticos. “Las empresas deben obtener sus ingresos solamente a través de los productos que fabrican o los servicios que prestan.” 

8. Propone la eliminación de la especulación, la bolsa de valores, y las ganancias basadas en apuestas.

9. El dinero debe estar en manos de una banca democrática que base sus beneficios en el bien común y que elimine de sus arcas los frutos de la especulación. 

10. El desarrollo de una verdadera democracia participativa, no sólo en cada uno de los estamentos públicos, sino también en las empresas y entidades privadas.

viernes, 10 de mayo de 2013

EL DÍA QUE NUNCA ACABÓ




Normalmente los organismos maduran poco a poco, pero a veces lo hacen a través de un episodio traumático. Ese fue nuestro caso. Aquel 15 de mayo de 2011 perdimos la inocencia como organismo social. Dejamos definitivamente de confiar en las soluciones desde arriba.

A partir de entonces empezamos a probar diferentes caminos. Dentro y fuera del sistema. A través de las elecciones, de la movilización social, de la presión en la calle, de la concienciación en las redes y en las plazas, de la información. Todo era necesario pero muchas veces tuvimos la sensación de que nada funcionaba.

La economía social, el comercio justo, la banca ética, la moda sostenible, los grupos autogestionados de consumo o GAKs y el auge de la alimentación agroecológica, la teoría del decrecimiento, los pueblos en transición, la plataforma Stop Desahucios, la democracia participativa, la soberanía alimentaria, la protesta social y la defensa de la sanidad, con la mayor huelga conocida de todo el sistema sanitario, la marea verde, la primera marea, en lucha por una educación pública de calidad, la juventud sin futuro, la plataforma por la auditoría de la deuda, que cuando empezaron no eran más que unos pocos antisistema y ya hasta los más conservadores hablan de ello como si lo hubieran inventado; la Economía del Bien Común, los que se unen para salvar la hospitalidad, la iniciativa “no nos vamos, nos echan”, los parados en movimiento, los escraches, el foro social mundial, economía Sol y sus charlas en el retiro, la oficina de desobediencia económica, el frente cívico o las diferentes formas de cooperativismo son sólo unos pocos ejemplos de los cientos surgidos, resurgidos o reforzados desde entonces.

Cada uno hemos ido recorriendo uno o varios senderos, cada uno nos hemos ido arrimando al proyecto que más nos motiva, hemos buscado nuevas formas de información más fiables que las oficiales, nos hemos acostumbrado a reunirnos, manifestarnos, a acudir o incluso a impartir charlas, a trabajar de manera voluntaria como parte de la aportación a la sociedad, a ocupar y compartir espacios comunes. Hemos empezado a participar en nuestra propia transformación.

A la vez el mundo que conocíamos se está desmoronando. El sistema está arrebatándonos derechos a un ritmo suicida. Y tenemos la sensación de que no podemos pararlo.

El sistema desaparece a la vez que nosotros inventamos otro. Lo hacemos por necesidad, por instinto, “como el niño juega sin saber que juega”, que diría Eduardo Galeano. Pero lo estamos haciendo bien. Gracias a aquel día en que maduramos a la fuerza, e intuimos que teníamos que empezar a independizarnos del sistema que hasta entonces nos había tutelado.

Somos un nuevo orden incipiente, inmaduro e inconcluso. Pero "somos" en plural, y lo sabemos; ya no estamos solos. Nos equivocamos continuamente y nos sentimos frustrados; estamos aprendiendo.

Muchos no lo saben aún. Pero si hay un futuro, es nuestro.

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martes, 9 de abril de 2013

ANONIMATO, ESCRACHE Y PODREDUMBRE



En una novela negra, a medida que avanza el relato, el lector va encajando piezas, y la historia que acaba de leer va cobrando otra perspectiva. La realidad que percibió en una primera lectura cambia: los pequeños gestos se convierten en señales relevantes sin los cuales no habría tenido lugar el crimen.  Aquel pastelero al que el protagonista compraba una bamba de nata los jueves, un Volkswagen negro esperando para aparcar, una placa que anuncia el domicilio de un dentista, pasan de ser simples adornos narrativos a convertirse en piezas indispensables para la trama.

Durante los últimos años nuestra realidad ha cambiado tan rápido que a veces tenemos la impresión de estar descifrando las claves de nuestra propia novela. Y aquello que durante décadas nos pareció irrelevante, inevitable o perfectamente natural, ha pasado a convertirse en una pieza más que, junto con otras nos está llevando a la consecución de un terrible crimen.

Cuando con 25 años emigré a Madrid desde una pequeña provincia, muchos de mis amigos emigrantes, los más cosmopolitas, argumentaban que uno de los atractivos de un lugar tan inhóspito era el anonimato. Era tan importante esa sensación de libertad en la gran ciudad, que muchos de ellos afirmaban que ya no podrían vivir en un pueblo donde mil ojos te vigilan.

Yo sin embargo siempre eché de menos el saludo de una vecina, la sonrisa del pastelero al que compraba una bamba de nata los jueves, la sensación de ser conocida y única en la comunidad, de que todos supieran dónde había estudiado, y quién era mi abuelo.

Después de más de 15 años en el mismo barrio, y especialmente después de aquel 28 de mayo de 2011, a veces creo sentir esa imagen de pueblo, cuando paseando por el parque saludo y reconozco a la mayor parte de viandantes con los que me cruzo.

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Frente a mi fregadero hay una ventana que da a un patio y tras el patio una calle poco transitada. Hace unos días estaba fregando platos después de comer a la vez que observaba una escena, una escena que hubiera llamado la atención de cualquiera por el gesto desencajado de su protagonista.

Era un joven que salió del coche donde había estado discutiendo con su chica durante unos largos minutos. Salió por la puerta del copiloto pero no la cerró. Ella arrancó con intención de marcharse, era extraño porque nadie cerraba la puerta. Entonces el muchacho se interpuso en la carretera impidiéndole el paso. Finalmente ella retrocedió. Él empezó a cojear como si estuviera herido en el pie, gritándole que le había atropellado y finalmente volvió a entrar en el coche y cerró por dentro.

Dentro del coche el muchacho se comportaba de manera histriónica, a ratos lloraba, a ratos gritaba descompuesto, a ratos intentaba besar a la chica, a ratos se quedaba petrificado, ido, inmóvil. Ella estaba tensa pero muy segura. No se dejaba tocar, le pedía que se fuera, negaba continuamente con la cabeza y con la boca. Tenía la firme determinación de no ceder y la paciencia suficiente como para esperar a que el chaval se fuera, pero él no se iba.

Yo  había terminado de fregar cacharros, pero continué con la encimera, la ventana,... me iba pero al rato volvía.

Estaba en el salón cuando escuché gritos y corrí a vigilar. Era el chico, estaba fuera del coche. Había un Volkswagen negro en mitad de la calle, como esperando a que el coche de la joven desaparcara. Él de nuevo impedía el paso. Se ponía delante, incluso se subió de pié en el capó. Se arrodillaba en plena calzada. Entonces me asomé a la ventana y le grité:

-¿Es que no sabes entender un NO?, ¡Deja en paz a la chica de una vez!-

Otra voz femenina también le increpó desde otra ventana. Entonces él nos desafió:

-¡Métete para dentro, cotilla, o te reviento la ventana!.-

Por fin, aprovechando el pequeño despiste, la joven pudo escapar. Lo malo es que el muchacho se metió en el Volkswagen que yo creía que esperaba para aparcar, y el conductor, que al parecer era cómplice, aceleró a lo bestia para perseguir al de la chica.

Cerré la ventana pero el eco de las palabras del chaval retumbaba dentro de casa: ¡Métete para dentro cotilla!.

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Entonces empecé a encajar piezas: los escraches, los maltratadores, los psicópatas, las cargas policiales.

¿Y si resulta que ese anonimato de la gran ciudad a quien protege es a los infames?. ¿Y si en realidad cuando nos escondemos, cuando nos avergonzamos de nuestros actos, cuando evitamos las miradas de los vecinos es porque queremos realizar actos inaceptables o delictivos?.

Es verdad que todo depende de lo que la sociedad considere vergonzoso. Es cierto que en círculos infestados por posturas fundamentalistas o moralizantes la ética puede estar desvirtuada. Pero en un pueblo sano, conocer de cerca a nuestros vecinos nos protege de lo perverso, mientras que el anonimato facilita las bajezas de psicópatas, maltratadores, pederastas, malos profesionales, corruptos, ladrones, estafadores o jóvenes posesivos y machistas.

Si un dentista estafa y engaña a sus pacientes, no podrá sobrevivir entre los que le conocen.  

Si una alcaldesa se sube el sueldo nada más acceder a su cargo, será inevitablemente señalada por sus vecinos cada vez que salga de su casa, entre en un restaurante o lleve a su hijo al colegio.

Lo que ahora se llama escrache es la reacción natural en un pueblo sano, en el que los ciudadanos se reconocen entre sí y saben que si uno se desmadra los otros estarán ahí para reprochárselo, para avergonzarle, para afearle su conducta. Saber dónde vive un dentista, una vicepresidenta, un maltratador o un cirujano es lo natural en un país sano, en un pueblo que sabe defenderse de su propia podredumbre.




martes, 9 de octubre de 2012

SALVEMOS A ERÉNDIRA




SALVEMOS A ERÉNDIRA
Con el agradecimiento a Carlos Berzosa, que relacionó tan acertadamente el cuento de García Márquez “la increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada” con el panorama actual.




La cándida Eréndira lavaba el cuerpo enorme de su abuela en agua perfumada por un caldo de hierbas aromáticas que preparaba cada día. Cuidaba la casa, cocinaba y limpiaba para ella sin un minuto de descanso, sin una pausa para el placer o el juego, incluso antes de la desgracia. Hay criaturas que nacen deudoras o se convierten en víctimas apenas nacer. No hay justicia para ellas, ni siquiera la buscan, ni siquiera creen en la posibilidad de ser libres. Son esclavas del delito de nacer, como Segismundo.

Hay países, y con ellos los seres que nacen y viven dentro de ellos, que llevan años en el papel de deudores, de esclavos, de víctimas de sus acreedores. Zimbabue, Somalia o Nicaragua acumulan una deuda externa que les obliga a entregar su riqueza antes de dar de comer a sus niños, antes de atender a sus enfermos; antes, mucho antes de preocuparse de sus discapacitados.

Hasta ahora, la lógica perversa del sistema, sólo había esclavizado a países pobres, países que se situaban fuera del entorno europeo, lejos de la frontera mejicana, al sur de de la valla de Melilla. Jamás pensamos que esa valla pudiera desplazarse hacia el norte, muchos siguen sin creerlo. “España no es Uganda”, “España no es Grecia”, “España es Europa” nos repiten, nos repetimos.

Y sin embargo basta con acercar la lupa a nuestros pequeños detalles, basta con comparar las exigencias de la Troika con las dictadas hace unas décadas por el FMI a los países africanos y latinos ahora esclavizados para deducir que nuestro camino es el de la cándida Eréndira. Nuestra historia está escrita.

Fuimos Europa, es cierto, y eso hará más duro nuestro calvario, porque conocimos la bonanza de un estado con Seguridad Social universal y pensiones para todos. Porque pudimos estudiar en la universidad. Y esa es a la vez nuestra única fuerza, la única ventana, la luz que puede salvarnos.

Si la pequeña Eréndira hubiera conocido otro destino, si hubiera vivido libre, quizás no hubiera aceptado su desdicha. Y si se hubiera negado a humillarse y prostituirse cada día, la historia habría sido otra. Sólo con su complicidad podríamos salvarla, pero para eso tendría que saberse con derecho a no pagar, y capaz de sobrevivir sin su abuela.

Todos comprendemos en el caso de Eréndira que la justicia pasa por liberar a la víctima y olvidar el pasado, que no siempre las deudas deben pagarse, que cuando el deudor se ha convertido en esclavo debido a la avaricia despiadada de su acreedor, lo justo es no pagar. García Márquez lo deja tan claro que nadie defendería a la desalmada abuela ni su derecho a cobrar.

Nuestros dirigentes se han mostrado en su mayoría incapaces de enfrentarse a los opresores. No sabemos con qué amenazas o promesas les compran o qué fiebre les impide comprender que es necesario romper estas reglas, desencadenarnos de los mercados, escapar de esta lógica. Quizás desde el poder sea más difícil visualizar la evidencia. O puede que sea necesario mucho coraje para hacer algo que no se espera de nosotros, para inventar un rumbo no escrito.

Parece claro que es el pueblo el que ahora posee la lucidez, es el pueblo el que está tomando las riendas, mostrando el camino.

Los poderosos nos exigen además que les diseñemos alternativas. Y lo hacemos. Hay grandes economistas explicando las diferentes opciones. Pero si alguien pretendiera liberar a Eréndira no se lo impediríamos con la exigencia previa de una hoja de ruta para el mañana, con el argumento de que no hay otro futuro posible para la niña. El fin es la justicia en sí misma; no se puede admitir una situación de evidente abuso con la excusa de que no hay otra opción.

Leamos todos el cuento de García Márquez, aprendamos del enorme maestro, pero busquemos el modo de cambiar la historia:

¡Salvemos a Eréndira!.

lunes, 24 de septiembre de 2012

RECORTES Y RETALLADES





Desde 2011, en Cataluña los servicios públicos básicos han sufrido un deterioro sin precedentes. Cataluña fue la primera comunidad que aplicó el cuento de adelgazar para sanar. Un cuento que viene de las directrices del norte pero que se aplica con mucho más celo en el sur.

Es un tratamiento que mataría al organismo más sano, y que una vez que se empieza a aplicar tiene visos de ser irreversible y de convertirse en una patología mortal a la que es necesario adaptarse para morir con el menor sufrimiento posible. Hay un punto de no retorno a partir del cual solo se aplican cuidados paliativos.

Arthur Más lleva casi dos años aplicando la receta mortal con gran diligencia, y con efectos devastadores en el ente que dirige. Cataluña era uno de los territorios más sanos del estado, con educación y sanidad gratuítas, universales y de calidad. Pero sin alimento, sus servicios públicos se han convertido en el modelo del que huir.

Debido en gran parte a esta receta, los países del sur se están alejando de los del norte en calidad de servicios y por ende en calidad de vida, en deterioro económico y en desarrollo; así las cosas, Mas ha pensado que a Cataluña, que casualmente se encuentra pegadita a Francia, le conviene más aferrarse al Pirineo que “sostener” al resto de comunidades del sur. Que si se trata de descomponer Europa en dos zonas diferenciadas de ricos y pobres, quizás se pueda conseguir desplazar la frontera hasta el Ebro, en lugar de dejarla en el Pirineo.

Con este mensaje subliminar, se ha presentado a su comunidad, y cree haberles convencido de que la solución es desprenderse de lastre. Sin Andalucía, sin Murcia, sin Extremadura, los catalanes podrían pasar por laboriosos ciudadanos del norte, y serían acogidos entre los que culpan al caracter alegre de los ciudadanos mediterraneos de todos sus males.

La argucia le ha salido a pedir de boca. Los enfermos catalanes ya no se preocupan por la lista de espera y a los médicos dejó de cabrearles que se retrase 60 días el cobro de las guardias. A los estudiantes ya no les importa pagar las tasas más altas de toda su historia y los funcionarios renuncian mansamente a su paga de navidad. Lo único que ahora es importante para un catalán es conseguir que esas tasas se queden en Cataluña, que ningún haragán Gallego o Castellano se lleve ni un euro de los que los pensionistas catalanes paguen por sus medicinas.

El Sr Mas, ahora puede ahondar en su modelo de estado sin estado, donde los ciudadanos que pueden se pagan los servicios y los que no, se pasan sin ellos (sin universidad, sin medicinas, sin guarderías). Puede continuar con su plan de adelgazamiento mientras la sociedad debate si prefiere que le baje la pensión el estado español o el estado catalán, si opta por ser desepleado o desocupat, si puede soñar con una Cataluña campeona de la Eurocopa o tendrá que conformarse con seguir viendo a Pujol y Piqué jugar para la selección española.

Todos sabemos que los llamados ajustes no están dando resultado en ningún lugar, sospechamos que por ahí no vamos bien, y que hay más ideología que buena voluntad en este tipo de políticas. Pero esa ideología cala en una gran parte de la sociedad. No todos aspiramos a una sociedad más justa y más igualitaria. No nos engañemos, muchos ciduadanos sólo aspiran a salvarse ellos. Y ahora que parece que sólo unos pocos van a sobrevivir al naufragio, muchos piensan que cuanto más lastre se eche a la mar, más probabilidades tendrán ellos de subir al bote de primera clase. Y cuando digo lastre me refiero tanto a las autonomías zánganas que gustan de la siesta y el cachondeo, como a los sinpapeles, desempleados o pensionistas, que chupan recursos del estado.

Hay muchos catalanes críticos, hay miles de indignados y montones de protestas cada día contra el verdadero enemigo. Gran parte de la población sabe que la falacia de los recortes no es más que un pretexto para enriquecer a unos cuantos mientras nos precipitamos hacia el cataclismo. Pero hay también, como en todas partes una gran masa de ciudadanos de pensamiento insolidario y perezoso a los que es fácil manejar. La diferencia es que allí esos ciudadanos pueden esconder su vergonzante ideología tras una bandera que despierta respeto y simpatía en muchos foros tanto de la izquierda como de la derecha. Una bandera que en otro contexto reivindicaría un derecho legítimo injusatamente ignorado.

Es cansado pensar,  por eso son a veces tan peligrosos los símbolos.

lunes, 23 de julio de 2012

ARDE ESPAÑA




Es lunes, 23 de julio.

El fuego en Girona avanza hacia el norte, y Francia está en riesgo de contagio.


Escucho a un compañero decir en voz alta que lo mejor que le puede pasar a España es que la rescaten. 

Sus palabras se convierten en una corriente que me recorre. 

Siento miedo. 

El lenguaje ya no sirve.

Y sin lenguaje estamos perdidos.

¿En qué clase de mundo podría ser mejor morir que ser rescatado?. Nadie querría vivir en semejante lugar. En un lugar donde los unos ayudan a los otros para extorsionarlos, donde tu vecino te salva del fuego sólo si prometes regalarle tu casa.


Recuerdo que hace unos años me conmocionó una noticia sobre inmigración. Fue en el año 2002. Un barco cargado de refugiados afganos, el navío Siev X, naufragó cerca de Australia. Venían de indonesia, donde la policía les impidió atracar a pesar de tener una grieta en el casco. Una vez en alta mar pidieron asilo en Australia. El primer ministro australiano, el conservador John Howard, se lo denegó, y el barco estuvo desaparecido durante tres días. Al final, el barco naufragó y un total de 353 buscadores de asilo, incluyendo 150 niños, murieron. Los 44 supervivientes fueron rescatados al cabo de otros tres días. La lógica espeluznante del sistema empezaba a despuntar. Después vineron Irak, Afganistan, los CIES...

El sistema se había despojado de su máscara, había perdido los complejos, había quedado definitivamente en manos de psicópatas. A principios de este año se publicaba el libro “¿Es usted un psicópata?” de Jon Ronson. Según Ronson no tener remordimientos, no sentir empatía, mentir de manera patológica o ser manipulador son algunos de los rasgos que caracterizan a los líderes políticos. Y explica este fenómeno porque el sistema capitalista premia y eleva a los individuos con estos rasgos a los puestos relevantes.
Ya lo intuíamos. Lo fuimos descubriendo cuando escuchamos la noticia del Siev X, lo comprendimos cuando millones de ciudadamos exigimos que se parara la invasión de Irak; aquella mentira. No la paramos. El capitalismo continuó funcionando en contra de nuestra esencia, en contra de nuestra razón de ser, en contra de nosotros mismos.


Aún así, en ocasiones, quizás cuando la realidad es demasiado cercana, o demasiado atroz, nos negamos a reconocer la perversión de nuestro sistema. Los ciudadanos, los trabajadores, las personas normales (que diría Rajoy), no lo acabamos de asimilar.  No podemos creer que nos salven para dejarnos morir en sus manos.

Intuimos que la palabra rescate ha perdido su significado. Hay indicios: sabemos que ningún país quiere ser rescatado. Y eso se escapa a la lógica del lenguaje.

Pero, como la víctima que necesita creer en la bondad de su secuestrador para aceptar sin trauma la aberración de su vida,y para evitarse el descomunal esfuerzo que supondría aprender otra forma de existir, con esa ingenua y persistente confianza en lo establecido, esencial por otro lado para que el psicópata actúe, deseamos ser encerrados en la más oscura de las cuevas, agradecidos de que nuestro carcelero nos perdone la vida.

viernes, 20 de julio de 2012

BANKIA Y BART SIMPSON




Supongamos que Bart Simpson se dedica a guardar los ahorros de todo Sprinfield para custodiarlos. A cambio les promete un pequeño rendimiento y la promesa de que los protegerá.

Con ese dinero hace inversiones, préstamos, negocios..., en fin, el negocio va bien y el Sr Burns decide invertir. Le presta a Bart Simpson un millón de €.


Pasa un tiempo y... todos conocemos a Bart. El problema viene cuando llega el vencimiento del millón de € y tiene que devolverlo. Resulta que se ha gastado todo: el millón y los ahorros de sus conciudadanos.


Como no puede pagar, tendría que declararse en quiebra.  De este modo vendería todas sus pertenencias, devolvería primero los ahorros de los vecinos y, si queda algo, el millón de €.


Pero como al pagar a los ahorradores se quedaría sin pasta, esto haría que el sr Burns perdiera un millón de euros.


Además Bart no tiene avalista, así que no hay solución para el Sr Burns: el negocio fue ruinoso y ahora toca perder.... ¿O no?


No hubiera sido ruinoso si Bart hubiera tenido un avalista y si en lugar de tener preferencia en el cobro los ahorradores la tuviera el prestamista.


-¿Cómo cambiamos esto?- dice el Sr Burns.

-Pues cambiamos la legislación. – Contesta Smithers

-Pero Smithers, no se puede cambiar la legislación hacia atrás.

-Déjeme pensar, Sr Burns, esto puede tener arreglo... Le damos a Bart otro millón de €

-¡Smithers!

-Sr Burns, déjeme arreglarlo; si antes lo hicimos mal, ahora tenemos que empezar de cero, pero esta vez lo haremos bien. Imagine que le damos un millón de euros, pero se lo damos con condiciones nuevas, las que teníamos que haberle puesto desde el principio: hacemos que su madre sea la avalista, y nos inventamos una cláusula que diga que en caso de quiebra los primeros en cobrar seamos nosotros.


Y así consiguieron cambiar la historia: Bart sigue debiendo 1 millón de euros (el segundo millón se lo dieron para pagar la deuda que debía anteriormente, con ese millón cancela la deuda anterior y adquiere otra de igual importe pero en otras condiciones).

La primera condición es que Marge Simson, la madre de Bart, sea avalista de todas las deudas de Bart. Con esto consigue que Marge se haga cargo del millón de euros que debe su hijo.


Pero además hay que cambiar un par de cosillas:


Están los ahorros de los ciudadanos, que si son los primeros que cobran, se quedarán con el segundo millón de euros que recibió Bart para que no quebrara. Así que la condición será cambiar las leyes para que cuando le presten este segundo millón, los ahorradores hayan dejado de ser prioritarios, y este segundo crédito sea lo primero que pague el deudor en caso de quiebra.


También puede ser que Marge no tenga ese millón, así que hay que obligarla a reducir gastos y aumentar ingresos, poniendo a trabajar a toda su familia día y noche.


Y por otro lado Marge puede tener otras deudas u otras obligaciones, por ejemplo puede que a ella le parezca prioritario comprar comida o pagar el alquiler, así que hay que cambiar las reglas de manera que lo prioritario en la familia sea pagar a los bancos.


Ahora supongamos que Bart Simpson es Bankia, El sr Burns los mercados (principalmente bancos alemanes y franceses) y Marge Simpson el estado Español.


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